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|   Miércoles 26 Mayo 2010

Cuando me propusieron ir una noche a visitar granjas para grabar lo que allí ocurre, no lo dudé un segundo y acepté. Pensé que era necesario para mí como vegana y activista el conocer de primera mano a quienes estaba defendiendo en la calle. Quería dejar de hablar de manera teórica, quería verlo con mis propios ojos.

La primera vez que fui me encontraba en un coche con activistas que conocía desde hacía tiempo y admiraba. Eso me daba mucha seguridad, porque lo cierto es que estaba aterrorizada, aunque me esforzaba por mantenerme serena y que no se notase. 

Llegamos al sitio, estaba todo oscuro y hacía frío. Miré a mi alrededor y no vi más que campo abierto y en medio una construcción inmensa rodeada de vallas. Íbamos rápido y en silencio rodeando el cerco por aquellos parajes de maleza y barro. Estaba muy nerviosa y tenía un nudo en la garganta y otro en el estómago. Me pregunté varias veces qué estaba haciendo yo allí y me respondía interiormente “soy activista por los Derechos Animales”. Eso me daba mucha fuerza. Sé que es la lucha más necesaria y yo quiero de verdad formar parte de ella.

Levanté la vista y miré al cielo. Se veían miles y miles de estrellas. Acostumbrada a los cielos de Madrid, para mí aquello era un panorama increíble. En ese momento me di cuenta de que realmente yo estaba luchando para que todos los animales pudieran ver en libertad ese mismo espectáculo que yo estaba contemplando. Se me pasó el miedo. Esa, esa era mi lucha y en mí ya sólo había decisión.

Encontramos una entrada no muy alta y conseguimos pasarla todos sin mayores dificultades. (La siguiente vez que salí, este punto fue muy distinto, jamás habría conseguido entrar en aquellas –para mí- fortalezas inexpugnables sin la ayuda de mis compañeros. Son increíbles. Y aquella vez lo demostraron con creces.)

Nos fuimos acercando a los recintos utilizando las linternas lo mínimo posible. Me preparé mentalmente para lo que iba a ver. Aunque me había pasado toda la semana anterior viendo vídeos, sabía que aquello me iba a impresionar. Empujamos la puerta del primero –estaba abierta– y entramos. 

Nunca olvidaré lo que sentí entonces. Esos ojos tristes que me miraban directamente me acompañarán siempre. Mi cabeza se llenó de interrogantes. ¿Por qué estaba pasando aquello? ¿Cómo era posible? ¿Cómo? ¿Por qué?

Heridas, enfermedades, dolor, agresividad, suciedad, hastío, muerte… Todo eso vimos. Y todo eso grabamos. Una cámara puede registrar en su tarjeta cualquier fotografía, y puede borrarla o editarla. Pero mi memoria no. Mi memoria nunca suprimirá las imágenes que me encontré aquella noche.

Y esas son hoy mi motivo de lucha. Algún día todos los animales podrán levantar la vista y ver millones de estrellas desde la libertad.

Vive Vegano
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